martes, 06 de enero del 2009
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Subvenciones, maestros y psicopedagilipollas - Arturo Pérez Reverte

Marzo 16th, 2008 by Paco Lozano

Artículo de Arturo Pérez Reverte en XLSemanal. Alto y claro, como siempre, acierta desde mi punto de vista en su crítica al Plan de Mejora de la Calidad de Enseñanza de la Junta de Andalucía, bonito nombre para esconder el más acertado Plan de Mejora de los Resultados mediante el chantaje económico al profesorado.

Los que sigan este blog sabrán que normalmente no suelo tocar temas importantes como el estado de la educación en España, no porque no sea un tema de mi mayor interés, sino porque he decidido hacer de este espacio un lugar de distracción/aprendizaje tanto para los lectores como para mí (sobretodo para mí, perdonad el egocentrismo).

Pero éste es un tema que me saca de mis casillas especialmente. Menos mal van ya 1250 centros (entre primaria y ssecundaria) que a fecha de 14 de marzo de 2008 han dicho que NO al citado plan. ¡Y eso que muchos centros no han podido convocar aún las reuniones por estar de evaluaciones! (como el mío).

Para aquellos que quieran saber, transcribo íntegramente el contenido del artículo.

Me sigue sorprendiendo que se sorprendan. O que hagan tanto paripé, cuando en realidad no les importa en absoluto. Ni a unos, ni a otros. Y eso que todo viene seguido, como las olas y las morcillas. La última –estudio internacional sobre alumnos de Primaria, o como se llame ahora– es que el número de alumnos españoles de diez años con falta de comprensión lectora se acerca al 30 por ciento. Dicho en parla normal: uno de cada tres críos no entiende un carajo de lo que lee. Y a los 18 años, dos de cada tres. Eso significa que, más o menos en la misma proporción, los zagales terminan sus estudios sin saber leer ni escribir correctamente. Las deliciosas criaturas, o sea. El báculo de nuestra vejez.

Pero tranquilos. La Junta de Andalucía toma cartas en el asunto. Fiel a la tradicional política, tan española, de subvenciones, ayudas y compras de voto, y además le regalo a usted la Chochona, la manta Paduana y el paquete de cuchillas de afeitar para el caballero, a los maestros de allí que «se comprometan a la mejora de resultados» les van a dar siete mil euros uno encima de otro. Lo que demuestra que son ellos quienes tienen la culpa: ni la Logse, ni la falta de autoridad que esa ley les arrebató, ni la añeja estupidez analfabeta de tanto delincuente psicopedagógico y psicopedagocrático, inquilino habitual, gobierne quien gobierne, del ministerio de Educación. Los malos de la película son, como sospechábamos, los infames maestros. Así que, oigan. A motivarlos, para que espabilen. Que la pretendida mejora de resultados acabe en aprobados a mansalva para trincar como sea los euros prometidos –una tentación evidente–, no se especifica, aunque se supone. Lo importante es que las estadísticas del desastre escolar se desplacen hacia otras latitudes. Y los sindicatos, claro, apoyan la iniciativa. Consideren si no la van a apoyar: ya han conseguido que a sus liberados, que llevan años sin pisar un aula, les prometan los siete mil de forma automática, por la cara. Y más ahora que, de aquí a tres años, con los nuevos planes de la puta que nos parió, un profesor de instituto ya no tendrá que saber lengua, ni historia, ni matemáticas. Le bastará con saber cómo se enseñan lengua, historia y matemáticas. Y más si curra en España: el único país del mundo donde los profesores de griego o latín enseñan inglés.

Así, felices de habernos conocido, seguimos galopando alegremente, toctoc, tocotoc, hacia la nada absoluta. Todavía hay tontos del ciruelo –y tontas del frutal que corresponda– sosteniendo imperturbables que leer en clase en voz alta no es pedagógico. Que ni siquiera leer lo es; ya que, según tales capullos, dedicar demasiado tiempo a la lectura antes de los 14 años hace que los chicos se aíslen del grupo y descuiden las actividades comunes y el buen rollito. Y eso de ir por libre en el cole es mentar la bicha; te convierte en pasto de psicólogos, psicoterapeutas y psicoterapeutos. Cada pequeño cabrón que prefiere leer en su rincón a interactuar adecuadamente en la actividad plástico-formativo-solidaria de su entorno circunflejo, por ejemplo, torpedea que el día de mañana tengamos ciudadanos aborregados, acríticos, ejemplarmente receptivos a la demagogia barata, que es lo que se busca. Mejor un bobo votando según le llenen el pesebre, que un resabiado culto que lo mismo se cisca en tus muertos y vete tú a saber.

El otro día tomé un café con mi compadre Pepe Perona –«Café, tabaco y silencio, hoy prohibidos», gruñía–, que pese a ser catedrático de Lengua Española exige que lo llamen maestro de Gramática. Le hablé de cuando, en el cole, nos disponían alrededor del aula para leer en voz alta el Quijote y otros textos, pasando a los primeros puestos quienes mejor leían. «¿Primeros puestos? –respingó mi amigo–. Ahora, ni se te ocurra. Cualquier competencia escolar traumatiza. Es como dejar que los niños varones jueguen con pistolas y no con cocinitas o Nancys. Te convierte en xenófobo, machista, asesino en serie y cosas así». Luego me ilustró con algunas experiencias personales: una universitaria que lee siguiendo con el dedo las líneas del texto, otro que mueve los labios y la cabeza casi deletreando palabras… «El próximo curso –concluyó– voy a empezar mis clases universitarias con un dictado: Una tarde parda y fría de invierno. Punto. Los colegiales estudian. Punto. Monotonía de lluvia tras los cristales. Después, tras corregir las faltas de ortografía, mandaré escribir cien veces: Analfabeto se escribe sin hache; y luego, lectura en voz alta: En un lugar de la Mancha, etcétera». Lo miré, divertido. «¿Lo sabe tu rector?». Asintió el maestro de Gramática. «¿Y qué dice al respecto?». Sonreía mi amigo, malévolo y feliz, encantado con la idea; y pensé que así debió de sonreír Sansón entre los filisteos. «Dice que me van a crucificar.»

Visto en XLSemanal

Subvenciones, maestros y psicopedagilipollas - Arturo Pérez Reverte

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Publicado en Educación, Varios

Comentarios

  • #1
     
    Natalia

    Reverte es un comunicador fantástico, no cabe duda, su artículo está escrito con la calidad que todos esperabamos de él y a la que nos tiene acostumbrados; por eso leerle nos gusta a todos, incluso a los que no compartimos esa idea que subyace en todo el texto de que todo tiempo pasado en educación fue mejor. Seguramente yo no se expresarme también como él lo hace, de hecho “yo soy de ciencias” y esa diferencia tan marcada con que fuimos educados los de mi generación que es la suya, ahí está. Al leer su artículo,como todos supongo, he esbozado una sonrisa de conformidad, después he reflexionado un poco y me he dado cuenta que en él se refleja la idea tan extendida entre los que no están a pie de tiza de que en el aula tenemos a los chicos aborregados ensayando con ellos mil proyectos pedagógicos e innovaciones didácticas sin importarnos los contenidos, pero ….¿no se ha parado a pensar que tal vez ha sido al revés? ¿hemos buscado la forma de acercar esos contenios a unos chicos que no son ni se parecen a los alumnos dóciles y realmente aborregados que éramos los de los años 70-80? Personalmente ni en la facultad se me permitía interrumpir con mis dudas al señor profesor, seguramente del perfil de su amigo. Pues no, gracias a Dios, eso ya no pasa en las aulas… y que tenemos chicos maleducados, irreverentes, de familias desestruturadas, con problemas de inserción social y que todo eso hace que los alumnos estupendos, educados, con afán de superación y ganas de aprender tengan problemas por tener que soportar al resto, pues sí, pero eso es como la vida misma, donde los primeros personajes también existen y por suerte hoy están en el aula y no en los billares. Así que igual los que estamos en la tarima debemos hacer algo más que trasmitir nuestra “sapiencia” para intentar que algo llegue a los malos de la pelicula que los otros al fin y al cabo, no nos necesitan tanto. Ni a nosotros ni a Reverte tampoco, les basta un buen libro de texto o alguno de los suyos y seguramente esos alumnos los leerán, el problema es conseguir que los otros lo hagan.
    Finalmente, pobres profesores universitarios, el perfil de sus alumnos ha cambiado. Ya no vamos a las facultades los jovenes del babyboom, ya no existen esas aulas con 200 univeristarios que permitía hacer esas cribas escandalosas para encumbrar al profesor más hueso en la cimas del estrellato aunque dejara una halo de frustraciones a su paso con suspensos indiscriminados. Hay que seguir justificando una ratio profesor-alumno que ha disminuido de forma alarmante a consta de admitir en las facultades alumnos que hace 20 años ni soñarían con entrar, pues mala suerte, igual para trabajar con ellos hace falta algo más que ser una eminencia en la materia y consultar con algún psicopedagilipollas.

  • #2
     
    Paco Lozano

    Natalia, magnífico comentario el tuyo con el que estoy de acuerdo en parte, aunque yo prefiero centrarme en la crítica a la clase política que hace Pérez Reverte. Mientras unos y otros no consideren la educación como un tema de estado y se saque de la pelea partidista, seguiremos como estamos.
    No se puede culpar al profesorado por los resultados del tan traído y llevado informe PISA (en el que España y Andalucía quedan tan mal con respecto a otros países y comunidades respectivamente) sino a los bandazos educativos que vamos dando desde hace más de 10 años dónde la cultura del trabajo y del esfuerzo ha quedado desplazada por la idea de que lo más importante es que nuestros niños y niñas, chicos y chicas no se sientan discriminados por la calificación académica.
    Hemos convertido la nota en un placebo para padres, madres y alumnado. Todos progresan adecuadamente, ¡faltaría más!, mientras en las escuelas e institutos, y por extensión en las universidades, los niveles bajan irremediablemente. No sólo para los que como comentas sientan la necesidad de leer un libro por sí mismos, sino también para el resto de nuestros jóvenes, que además de no tener esta necesidad, en muchos casos (demasiados) tampoco podrían porque no saben leer o lo hacen mecánicamente y sin entender lo que leen.
    El único plan de mejora de la calidad de enseñanza posible, desde mi modesto parecer, será aquel que consiga llevar nuevamente a nuestras aulas la valoración del esfuerzo, aquel que consiga motivar al alumnado creando expectativas, aquel que consiga que padres y madres no vean en el profesorado al enemigo de sus hijos e hijas, aquel que -en definitiva- no culpe del estado actual al profesorado y pretenda comprarlo con un puñado de euros.

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